Y por un momento, me paro y te observo. Noto algo familiar en la mirada. Como si fuéramos amigos de la infancia que hace mucho que no nos vemos.
Pareces tímida, es algo así como si necesitases que alguien se pusiera a hablar para no sentirte tan extraña. Y lo observas todo, minuciosamente, como si trataras de encontrar algo.
Te paras y dejas tu mirada fija, parece que lo has encontrado. Te muerdes el labio y te pones seria, parece que algo dentro de tí ha llamado más la atención.
No puedo apartar la mirada. Quiero saber en qué estás pensando. Cómo eres capaz de evadirte.
Y de repente tus ojos vuelven a la vida y se encuentran con los míos, que no podían dejar de observarte.
Tu cara se vuelve asombro y abres los labios para emitir un sonido. "Perdona, estaba pensando". Y sonríes, con si con esa sonrisa pudieras salvar el mundo. Y vuelves y empiezas a hablar, atropelladamente, como si todas esas palabras tuvieran urgencia en salir.
Y me miras a los ojos viendo si te presto atención.
Pero ahora soy yo la que no está aquí. Estoy preguntándome: "¿de qué te conozco?"
Pero ahora soy yo la que no está aquí. Estoy preguntándome: "¿de qué te conozco?"






